Uso de placebo en ensayos clínicos

Aunque el placebo ha sido ampliamente utilizado en ensayos clínicos a lo largo de la historia, su uso puede ir acompañado de algunas cuestiones éticas importantes.  

Sin embargo, antes de abordar dichas cuestiones, debemos responder algunas preguntas como ¿qué es un placebo? o ¿para qué se utiliza en los ensayos clínicos?

El término placebo procede del latín placēbo, que significa “agradaré”.

Un placebo es definido generalmente como una sustancia inactiva, es decir, farmacológicamente inerte, que tiene la misma apariencia y se administra de la misma forma que el medicamento o tratamiento activo que se está probando¹. Esta sustancia, a pesar de que carece en sí misma de acción terapéutica, puede producir un cierto efecto positivo en individuos enfermos, si estos la reciben convencidos de que se trata realmente de un medicamento. Esto es lo que denomina efecto placebo y sus causas, aun hoy, no son del todo conocidas.  

En general, se considera que es consecuencia de mecanismos psicológicos, en los que las expectativas del paciente son fundamentales. No obstante, ciertos estudios han descubierto algunas posibles bases bioquímicas del efecto placebo, como la liberación de opioides o dopamina. Además, existe una teoría que propone que el efecto placebo podría estar mediado por la activación de los circuitos de recompensa del cerebro².

Algunas cuestiones relacionadas con este efecto pueden resultar enormemente curiosas. Por ejemplo, se sabe que el efecto placebo depende del contexto cultural y que un placebo de marca tendrá más efecto que uno sin marca, y lo mismo sucede con un placebo caro frente a uno barato.

Existen numerosos ejemplos del empleo de placebos en la práctica clínica desde la antigüedad. En los pueblos primitivos, interpretaban las enfermedades como consecuencia de fenómenos sobrenaturales, ya fueran castigos enviados por una deidad, o causadas por brujos o hechiceros. En cualquier caso, el diagnóstico y el tratamiento también se hacían con elementos mágico-religiosos que, a pesar de no tener ninguna eficacia científicamente demostrada, tenían efectos positivos en algunos pacientes. Otros ejemplos los podemos encontrar en la medicina tradicional china, en el antiguo Egipto, la medicina precolombina, etc.³ Y, hoy en día, el efecto placebo es del que se aprovechan algunas pseudociencias, como la homeopatía.

Sin embargo, no debemos olvidar que, en ocasiones, dichos tratamientos tenían (y tienen) efectos desastrosos para el enfermo, en parte por lo que hacían y, en gran parte también, por lo que dejaban de hacer.

Otros conceptos relacionados, aunque no nos centraremos en ellos, son el nocebo y el lessebo. El efecto nocebo hace referencia a los efectos secundarios o síntomas que experimenta un paciente solo porque cree que pueden ocurrir, incluso cuando el tratamiento es inocuo. Por otro lado, el efecto lessebo sucede cuando participas en un ensayo clínico y percibes una menor mejoría, o incluso empeoramiento, porque piensas que estás recibiendo el placebo cuando en realidad te están tratando con el fármaco experimental.

Los ensayos clínicos son investigaciones llevadas a cabo en personas, sanas o enfermas, para evaluar la eficacia y/o seguridad de pruebas diagnósticas o tratamientos (por ejemplo, nuevos fármacos, vacunas, etc.). En estos ensayos a menudo se emplea el placebo.

Para realizar el ensayo se divide a un conjunto numeroso de pacientes con el mismo cuadro clínico en dos grupos. El primer grupo recibe el medicamento que se está probando y el segundo (denominado grupo de control) recibe un placebo, ambos con la misma apariencia y forma de administrarse.

Se pueden distinguir distintos tipos de ensayos clínicos. El denominado ensayo simple-ciego,  en el que el sujeto desconoce el grupo de tratamiento al que pertenece (aunque es a veces puede ser el investigador quien lo desconoce); y el ensayo doble-ciego, en el que ni el sujeto ni el investigador saben la asignación a los grupos. De esta manera, se comparan los resultados obtenidos y se puede establecer si el medicamento tiene una eficacia mayor que el placebo, sin que el sesgo del investigador pueda influir en los resultados.

Aunque el uso de placebo en el control de los ensayos clínicos permite obtener resultados más fiables, la ética de su utilización es actualmente un tema de debate, que trataremos en la próxima entrada. 


"La ética es la práctica de reflexionar sobre lo que vamos a hacer y los motivos por los que vamos a hacerlo"  

                                                                                                                                        Fernando Savater  

       

Para entender mejor los ensayos clínicos, y su aleatorización, os dejamos el siguiente vídeo.


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Referencias: 

  1. NCI Dictionary of Cancer Terms. (s. f.). National Cancer Institute. https://www.cancer.gov/publications/dictionaries/cancer-terms
  2. de la Fuente-Fernández, R., Schulzer, M. & Stoessl, A. J. (2002). The placebo effect in neurological disorders. The Lancet Neurology, 1(2), 85-91. https://doi.org/10.1016/s1474-4422(02)00038-8
  3. Guijarro, C. (2015). Historia del placebo. Neurosciences and History, 3(2), 68-80. https://nah.sen.es/vmfiles/abstract/NAHV3N2201568_80ES.pdf
  4. Mulet, J. M. (2018, 13 noviembre). ¿Y si el efecto placebo fuera algo más que un truco de la mente?. El Paíshttps://elpais.com/elpais/2018/11/09/buenavida/1541758046_601501.html
  5. Sociedad Española de Oncología Médica (2018, julio). Ensayos clínicos. https://seom.org/seomcms/images/stories/recursos/Ensayos_Clinicos_JUL18.pdf
  6. Tipos de diseño de ensayo clínico. Blog de Bioclever. (s. f.). https://www.bioclever.com/es-ES/tipos-de-diseno-de-ensayo-clinico-n-39-es

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